En sus diez salas de exhibiciones permanentes se expone el patrimonio
del Museo, que desde 1921 se fue enriqueciendo a partir del legado
fundador de Ricardo Zemborain.
A través de estas salas, el Museo propone diversas reflexiones
sobre la historia, la política, la economía y la sociedad
a partir de sus colecciones de platería urbana (Colección
Zemborain), mobiliario y objetos de arte y decorativos (en dos ambientaciones
de un salón porteño de la primera y de la segunda
mitad del siglo XIX), peinetones y alhajas femeninas (colecciones
Miguel Gambín y Zemborain), vestimenta y elementos de las
modas y las costumbres masculinas y femeninas de siglo XIX, y platería
rural (Colección Alfredo y Sara Davis de Keen).
Un amplio panorama del pasado conforman los testimonios del proceso
emancipador de Sudamérica (desde las invasiones inglesas
hasta la Independencia); el complejo proceso de la Confederación
Argentina (colecciones Andrés Lamas y Ricardo Zemborain);
la siempre agitada historia monetaria argentina (una de las más
importantes colecciones de numismática); la evolución
edilicia de la Plaza de Mayo a través del pincel de Leonie
Matthis (1883-1952) y la sala de armas donde se exhiben valiosas
piezas de uso civil y militar, completadas con parte de la colección
de soldaditos de plomo que muestran los uniformes de los diferentes
regimientos que lucharon por la Independencia (donación de
Ernesto Lasnier).
Como señala Eric Hobsbawn en su libro "Historia del
siglo XX. 1914-1991", Barcelona, Crítica, 1995: "La
destrucción del pasado, o más bien de los mecanismos
sociales que vinculan la experiencia contemporánea del individuo
con la de generaciones anteriores, es uno de los fenómenos
más característicos y extraños de las postrimerías
del siglo XX. En su mayor parte, los jóvenes, hombres y mujeres
(...) crecen en una suerte de presente permanente sin relación
orgánica alguna con el pasado del tiempo en el que viven".
Para Hobsbawn, este hecho otorga a los historiadores -cuya tarea
consiste en recordar lo que otros olvidan- y a los museos de historia,
mayor trascendencia que la que han tenido nunca. En este sentido,
el Museo intenta reflexionar sobre lo que muestran y lo que ocultan
sus colecciones, en las distintas miradas que cada objeto, y la
relación entre ellos, puede provocar.
El acervo patrimonial se complementa con valiosas colecciones, entre
las que se destacan la correspondiente a Leandro Alem, que testimonia
la vida y la época del político argentino; la de acuarelas
de José Ignacio Garmendia sobre la Guerra del Paraguay; la
de iconografía de Buenos Aires de Guillermo H. Moores, la
de medallística y la de iconografía religiosa, que
constituyen el patrimonio de más de 21.000 objetos del Museo
Histórico de Buenos Aires.
La variedad de colecciones permite obtener una amplia visión
de la historia de Buenos Aires, una ciudad que fue capital de un
virreinato, de una provincia y de la Nación, en los aspectos
políticos, sociales y económicos, y disfrutar al mismo
tiempo de la calidad artística de las mismas.
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