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Museo
Histórico Cornelio de Saavedra |
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Las razones de la moda
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Señala Flügel que la paradoja de la moda reside en el hecho de que todos pretenden igualarse a los que consideran superiores, y al mismo tiempo, diferenciarse de aquellos considerados inferiores.
Los decretos de la moda consiguen de esta manera imponerse por el deseo de asimilar prestigio y rango.
Los presuntamente superiores, para mantener la distancia social y destacarse, se ven obligados innovar permanentemente.
De este doble movimiento de imitación y distinción nacería la mutabilidad de la moda.
Lipovetsky, por el contrario, afirma que las rivalidades de clase no son el principio del que derivan las incesantes variaciones de la moda, aunque sin duda acompañan y determinan algunos de sus aspectos. Sus perpetuos escarceos serian efectos de valoraciones sociales vinculadas a una nueva posición e imagen del individuo respeto al conjunto colectivo, o al deseo de afirmar una personalidad propia. “Originalidad y ambigüedad de la moda; discriminante social y señal manifiesta de superioridad social, la moda es un agente particular de la revolución democrática. Por un lado ha trastrocado las distinciones establecidas y ha permitido la aproximación y la confusión de las categorías; por otro, ha reconducido la lógica inmemorial de la exhibición ostentadora de los signos de poder (…) Paradoja de la moda: la demostración pregonada de los emblemas de la jerarquía ha participado del movimiento de igualdad de la apariencia” (Lipovetsky, 1994: 45).
A esta interpretación de Lipovestky, le sale al cruce Cornelius Castoriadis quien, en un marco mucho más amplio, no ve ni individualismo ni narcisismo en ciertas actitudes, si no, por el contrario, un complejo estado de conformismo con respecto a las reglas que impone el mercado (Castoriadis, 1997: 123/4).
Bibliografía
Cornelius Castoriadis (1997), El avance de la insignificancia,
Bs. As. EUDEBA
J. C. Flügel (1964), Psicología del vestido, Bs. As. Paidós.
Gilles Lipovetsky (1994), El imperio de lo efímero,
Barcelona, Anagrama.
Nicola Squicciarino (1990), El vestido habla,
Madrid, Cátedra.
Throstein Veblen (1944), Teoría de la clase ociosa,
México, Fondo de Cultura Económica
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Necesidad y Ostentación II - Vestimenta y accesorios femeninos (1780-1920)
ver video multimedia(wmv) Moda, sexos, y apariencia
La moda aparece antes de mediados del siglo XIV con un nuevo tipo de vestido, diferenciado sólo en razón del sexo: corto y ajustado para el hombre, largo y envolviendo el cuerpo para lamujer. La misma ropa larga y holgada que se había llevado indistintamente durante siglos comienza a desaparecer. Con la aparición del
traje corto, a mediados del siglo XIV, la moda masculina encamó de entrada, de forma más directa y ostensible la nueva lógica de la apariencia plena de fantasía y cambios rápidos. Habrá que esperar hasta fines del siglo XVIII para que la moda masculina se eclipse ante la de la mujer. Desde entonces, la moda y sus artificios serán una prerrogativa femenina. La mujer pasa a ser la única depositaría del lujo, de la elegancia y de la belleza. Las diferencias en el rango y en la distribución de la riqueza, propia de los ideales del antiguo régimen, ya no se podrán conciliar con los objetivos de la gran conmoción social que significó la Revolución Francesa (1789) y los ideales que ella propagó en Occidente.
La moda no se produce en todas las épocas ni en todas las civilizaciones, por el contrario, es un proceso excepcional, inseparable del nacimiento y desarrollo del mundo moderno occidental. Una sociedad hiperconservadora prohibe la aparición de la moda, ya que ésta implica una relativa descalificación del pasado: no hay moda sin prestigio y superioridad atribuidos a los nuevos modelos, y por lo tanto sin cierto menosprecio por el orden antiguo. |
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